Históricamente la humanidad ha pasado por diferentes pandemias como la peste negra, el tifus o la gripe española que mermaron la población de manera significativa. Al margen del desconocimiento médico sobre un tratamiento o vacuna preventiva, la falta de higiene y el desconocimiento de las medidas de contención de la propagación contribuyeron a este hecho.

Este año nos ha tocado pandemia de nuevo, un enemigo invisible para el que ninguno de nosotros estaba preparado, ni sospechaba pudiera ocasionar el descalabro en nuestras vidas que estamos sufriendo. Este hecho es ya de por sí complicado de gestionar, lo es más aún para personas vulnerables emocionalmente o económicamente, dada la implicación sobre la economía que esta situación representa.

A diferencia del pasado, y a pesar de no disponer todavía de un tratamiento o vacuna preventiva, actualmente en el caso de la Covid19, tenemos los conocimientos que nos permiten investigar la mejor manera de hacerle frente médicamente y adoptar las medidas necesarias para minimizar el contagio. Este es un motivo que nos debería ayudar a mirar en perspectiva la situación respecto de lo que podíamos haber vivido en una época pretérita o, incluso, en un país con recursos sanitarios insuficientes para hacer frente.

Si bien, por desconocimiento e imprevisión probablemente, se han cometido algunos errores, tenemos que valorar el hecho de disponer de un modelo sanitario avanzado y profesionales cualificados e implicados que velan por nuestra salud con vocación e implicación, sobradamente demostradas.

El uso de la mascarilla, la distancia social y las restricciones de acceso a muchos lugares son en ocasiones difíciles de sostener, pero hay que focalizar la atención en la solución y no en el problema. Si bien no es la solución definitiva, sí es la única que tenemos al alcance ahora mismo y, por tanto, debemos incorporar a nuestras vidas con la mejor actitud, sin pelearnos con la realidad, porque cuando lo hacemos, tenemos las de perder.

Las personas con compulsiones de limpieza sufren especialmente cierta confusión sobre el límite al que deben llevar la higiene. Las personas hipocondríacas deben luchar con el miedo al contagio. Las personas con trastornos de la soclialización contra su tendencia al aislamiento. Las personas depresivas contra el hundimiento que ocasiona una situación incierta y potencialmente angustiante. Son ejemplos de muchas otras dificultades que se encuentran personas vulnerables emocionalmente. Son personas que necesitan el máximo apoyo y acompañamiento en momentos como los que vivimos y, como sociedad, les debemos proporcionar. Tenemos una oportunidad de oro para cuidar de nosotros mismos y, al mismo tiempo cuidar de los demás. De escuchar las necesidades de seguridad del otro y respetarle la distancia, el grado de contacto que necesita …….. De cuidar los espacios, del medio ambiente, de nuestra casa, nuestra ciudad y nuestro planeta .

En todaspartes se han adoptado medidas extraordinarias de higiene y, poco a poco, vamos conociendo un poco más de esta enfermedad con la que, al parecer, nos tocará convivir aún bastante tiempo, mientras la vida va pasando. Muchos de estos nuevos hábitos higiénicos probablemente han venido para quedarse y nos ayudarán a evitar la propagación de otras enfermedades.

En conclusión, nuestra actitud ante la enfermedad y el contagio, es muy importante tanto para minimizarlo como para adaptarnos a una nueva manera de vivir, y debemos tratar de sacar el máximo provecho. Porque la vida es nuestra y no se detiene y hay que poder disfrutarla con el máximo confort posible, con la mínima renuncia posible. Tenemos una oportunidad de superación personal y de elevación de nuestra conciencia social y nos tenemos que ayudar entre todos para que salgamos fortalecidos como personas.

Por nuestra parte, estamos a su disposición para ofrecerlos la máxima tranquilidad y apoyo que esté en nuestras manos. Adelante todos!

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