¿Qué pasa si no usas las gafas aunque debas llevarlas?

Es común preguntarse qué pasa si no usas las gafas aunque deberías llevarlas. Es cierto que depender de unas gafas nos quita libertad, y nos crea dependencia de un objeto para poder desenvolvernos en nuestro día a día. Desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos por la noche, hay numerosos momentos en los que aborrecemos tener que recurrir a las gafas para poder ver bien.

En muchas ocasiones, cuando tienes altas graduaciones sobre todo, empiezas el día palpando las gafas en la mesita de noche para poder ver la hora y apagar la alarma. En la ducha ya no ves nada sin ellas. Cuando sales a la calle, si llueve y no llevas paraguas, no ves nada. Por no hablar de la combinación gafas/mascarilla. Se entelan constantemente y las orejas han de soportar las cintas de la mascarilla más las barillas de las gafas. En verano, cuando te bañas en el mar, al salir no eres capaz de ver dónde está tu toalla y tus cosas.

La adolescencia es la etapa en la que más cuesta llevar gafas. Es un momento en el que se practica mucho deporte y las gafas son un engorro. Además, en la adolescencia la imagen personal se está elaborando y la estética de la ropa y la indumentaria que llevas condiciona mucho las decisiones sobre qué ponerte y qué no. Los adolescentes son los que más evitan ponerse las gafas.

Sin embargo, justamente porque en esta etapa de la vida, el cuerpo todavía está creciendo y cambiando, ocurre lo mismo con la estructura del ojo. Si, mientras se está transformando el ojo no utilizas gafas cuando las necesitas, es posible que la graduación que precisas aumente más y, por tanto, consigas ver cada vez menos.

El ser humano es especialista en pecar de disonancia cognitiva, que es la lucha interna que se produce cuando se contraponen dos pensamientos opuestos. En el caso que nos ocupa, sabes que necesitas las gafas para ver bien pero no te gustas con ellas puestas o te molesta llevarlas. Este pensamiento ambivalente hará que, en función de tu nivel de voluntad, gane el “me las pongo porque las necesito” o el “no me las pongo porque prefiero verme mejor y tampoco veo tan mal sin ellas”. Cuando queremos creernos algo que nos conviene creernos, encontramos todo tipo de justificaciones que avalan nuestros motivos para no hacer lo que nos apetece. Esta es una gran fuente de problemas, especialmente en la adolescencia. La única forma de vencer la tentación es trabajar la voluntad.

Algunas herramientas para trabajar la voluntad

Si te cuesta mucho encontrar motivos que avalen la decisión de utilizar las gafas puedes utilizar algunos trucos:

  1. Haz una lista de pros y contras de utilizar las gafas y de no utilizarlas
  2. Encuentra razones que puedan aligerar los contras. Por ejemplo, si el motivo es estético, puedes buscar monturas modernas que combinen con tu ropa
  3. Elabora tu propia guía de refuerzo de tu voluntad. Puede serte muy útil para cualquier otro objetivo que te propongas y te cueste conseguir. ¿Qué habrás para vencer la tentación?
  4. Cambia hábitos. Por ejemplo, oblígate cada día a hacer algo con las gafas puestas o, directamente a ponértelas antes de lavarte los dientes, por ejemplo, y fíjate pequeñas metas, como aumentar cada día una hora su uso.
  5. Cambia lo que te explicas. Cuando te pongas las gafas, explícate lo bien que te sientan. Cambia tu enfoque y cambiará tu percepción de la realidad. Si tú te ves bien, los demás te verán bien.
  6. Distrae tu mente con otros pensamientos. En el momento de ponerte las gafas, hazlo cantando para que tu mente esté entretenida y te cueste menos vencer la tentación de dejarlas en casa.
  7. Felicítate y prémiate cada día que consigas ponerte y llevar las gafas el máximo de horas posible.

Motivos por los que se prescriben gafas y la importancia de utilizarlas

Hay varios motivos por los que se recomienda, o se prescribe, el uso de gafas:

  1. Corregir la visión borrosa, por lo tanto, en caso de necesitarlas para este fin y no usarlas, no veremos de manera nítida y, en consecuencia, nos llegará una información alterada de las imágenes.
  2. Disminuir o eliminar molestias causadas por una ametropía latente (el defecto refractivo que hace que las imágenes no se enfoquen correctamente en la retina y que, en consecuencia, no veamos bien). En este caso, si tenemos una graduación que el sistema visual puede compensar (o sea que, pese a necesitar gafas, eres capaz de ver sin ellas), es probable que duela la cabeza, visión borrosa ocasional, fatiga visual, lagrimeo e incomodidad al hacer tareas que requieran una fijación prolongada.
  3. Compensar desviaciones latentes o manifiestas, como en el caso del estrabismo. Hay correcciones (normalmente prismáticas) que no hacen que la agudeza visual mejore, sino que los ojos funcionen de manera coordinada, eliminando la diplopía (visión doble) o borrosidad causada por una descompensación de los ejes visual. Si en este caso no utilizas las gafas, seguramente sufrirás dolores de cabeza, visión doble o borrosa.

Consecuencias de no usar las gafas

Si tienes visión borrosa o doble (diplopía), que solo se puede corregir con corrección óptica, el hecho de no utilizar las gafas cuando las necesitas, puede dar lugar a:

  • Dolores de cabeza y mal humor
  • Tropiezos
  • Menor rendimiento escolar o laboral
  • Accidentes de tráfico, en el caso de que sea el conductor quien las necesite y no las use

Por lo tanto, los riesgos de no usar gafas cuando las necesitas, superan los supuestos beneficios y, no compensa arriesgarse.

En el caso de los niños, si necesitan gafas y no las llevan, el sistema visual no se desarrolla correctamente y por lo tanto pueden sufrir ambliopías (ojo vago) y desarrollar desviaciones.

Si los beneficios que se puede valorar son de tipo estético o práctico, es mejor buscar alternativas como las lentes de contacto o la cirugía refractiva -a partir de los 21 años aproximadamente, cuando la graduación se estabiliza-, pero no se debe dejar la vista sin corregir en ningún caso, cuando es necesario hacerlo.

Fuente:Laura Enríquez

Optometrista

 

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